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13/Abr/2015
Lo Que Nunca Viste

Diez santuarios unidos al Cosmos. Parte 6

Santuario Newgrange

El túmulo de Newgrange es una de las tumbas de tipo corredor más célebres y singulares que se conservan. Sus piedras han visto pasar, desde su construcción por los pobladores neolíticos de Irlanda, la friolera de 5.300 años. En realidad, no se trata más que de un dolmen –de gigantescas dimensiones, eso sí–, cubierto por un túmulo circular de tierra, rodeado en su parte inferior por piedras de cuarzo blanco que realzan su estampa.
El túmulo alcanza los cincuenta metros de diámetro, mientras que el corredor o pasillo que conduce desde la puerta hasta la zona de enterramiento –en forma de trébol–, se alarga por espacio de diecinueve metros. Su función era, por tanto, funeraria, aunque con unas características poco habituales.
En la fecha de su construcción, hace más de cinco milenios, y sólo durante el solsticio de invierno, tenía lugar un auténtico “milagro solar”. En el amanecer de esos días, los primeros rayos del Sol se abrían paso a través de un ventanuco existente en la puerta, atravesando limpiamente los diecinueve metros de corredor para terminar iluminando un muro de cierre, en el que está grabada una hermosa espiral triple. Un instante mágico y único, pues no volvía a repetirse hasta el año siguiente, siempre y cuando el clima lo permitiera.
Han pasado más de cinco mil años desde que sus constructores erigieran Newgrange, y en ese tiempo el cambio de posición del eje terrestre ha provocado que el fenómeno ya no sea visible en la fecha de los solsticios. A cambio, en la actualidad los responsables que custodian el monumento megalítico han instalado un sistema eléctrico que reproduce artificialmente el “milagro del Sol”.
Se han barajado muchas hipótesis para explicar la curiosa orientación astronómica del túmulo. Algunas sugieren que Newgrange fue utilizado como observatorio para determinar la fecha del solsticio de invierno, y de este modo elaborar el calendario. Sin embargo, este punto parece poco probable. Si tenemos en cuenta la función de la construcción (enterramiento), y puesto que el solsticio de invierno marca el momento del año en el que el Sol “renace” y se inicia un nuevo año, es muy probable que el fenómeno solar tuviera una función simbólica, relacionada con un mensaje de resurrección o de la vida en el más allá. Una posibilidad nada descabellada si tenemos en cuenta que el único “capaz” de presenciar el milagro solar en primera persona era el difunto allí enterrado.

Fuente: http://www.planetasapiens.com/
Fecha
13/Abr/2015
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Santuario Newgrange tumbas

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