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Arqueología

Información y hallazgos arqueológicos. Temas de interés sobre: Arqueología

Tiempo de lectura:
02:47 min.
18/Feb/2013
Lo Que Nunca Viste

La villa de la emperatriz Livia en Prima Porta

Al norte de Roma en 1863 se desenterró una antigua residencia imperial con unos soberbios frescos perfectamente conservados.

Desaparecido el Imperio romano, quedaban aún rastros de la villa a unos pocos kilómetros al norte de Roma, entre la vía Flaminia y la vía Tiberina, se hallaba la localidad de Prima Porta, que en la Edad Media se llamó Porta di Livia.
En el siglo XVI, topógrafos como Henricus Camerarius y Antonio Fortanelli identificaron aquellos restos con la famosa villa de Livia, y así se plasmó en los primeros mapas del antiguo Lacio; dos amantes de las antigüedades romanas, Gavin Hamilton y Thomas Jenkins, emprendieron en 1771 unas breves excavaciones, apenas documentadas.

La estatua de Augusto.
A raíz de dos magníficos descubrimientos la fama de la villa de Livia recorrió el mundo entero en 1863.
El conde Francesco Senni, había arrendado los terrenos en los que yacía la villa, y decidió emprender junto a su socio Paolo d’Ambrogi excavaciones para buscar objetos de antigüedad.
Desenterraron varias estancias pertenecientes al complejo termal y numerosos objetos, entre ellos dos bustos de época imperial, una cabeza de Apolo, una máscara sacerdotal y varias tuberías de plomo con inscripciones; todo lo vendieron en el mercado de antigüedades.
Más importante fue el hallazgo que hicieron el 20 de abril de 1863, cuando cerca del muro de cierre de la villa se encontró una estatua que representa a César Augusto con vestimenta militar, de 2,04 metros de altura con un pequeño cupido desnudo a caballo de un delfín.
El conde Senni donó al papa Pío IX la estatua, que pasó de inmediato a engrosar las colecciones vaticanas; hoy mundialmente conocida como el Augusto de Prima Porta.
Diez días después del hallazgo de la estatua salieron a la luz dos habitaciones subterráneas, en cuyas paredes de una de ellas descubrieron unos frescos en perfecto estado de conservación, las pinturas simulaban el interior de una gruta rodeada por todas partes por un exuberante jardín, en el que las más variadas especies botánicas florecían inverosímilmente a un mismo tiempo, entre el ramaje de granados, melocotoneros, laureles y almendros, hasta sesenta y nueve especies de aves ponían a prueba los conocimientos de todos los que se reunían a comer allí, lejos del sol ardiente del verano.

Al rescate de los frescos.
Bajo la dirección de Giuseppe Gagliardi, se reanudaron las excavaciones, pero la sala subterránea comenzaba a tener problemas de filtración de aguas que afectaban a las pinturas, los arqueólogos decidieron no extraer los frescos, y trataron de aislarlos y consolidarlos aplicando sobre ellos materiales como petróleo, soluciones alcohólicas, parafina o apósitos de miga de pan, empeorando en general su estado.
Las pinturas y los estucos de la bóveda fueron gravemente dañados durante la segunda guerra mundial; y en 1951 fueron extraídos, tras una intervención integral del Instituto Central para la Restauración, y trasladados al Museo Nacional Romano cuya sede del Palazzo Massimo se exponen actualmente.
Con una superficie de unos 14.000 metros cuadrados, las sucesivas excavaciones arqueológicas han mostrado que la villa de Livia fue habitada durante varios siglos, y se componía de ambientes privados en torno a un atrio y a un pequeño jardín interior; y de amplias instalaciones termales dotadas de dos piscinas calientes y de una piscina al aire libre.
Las estancias públicas estaban decoradas con los mármoles más preciados y con las más ricas pinturas, entre ellas las que hoy podemos admirar.
Fecha
18/Feb/2013
Etiquetas
villa de Livia imperio romano Gavin Hamilton y Thomas Jenkins Francesco Senni Paolo d’Ambrogi estatua de Augusto frescos mármoles piscinas

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