Enviar por email
Para
Mensaje
Inicio / ARTÍCULOS / Arqueología / La ciudad palacio de los omeyas
10/Ene/2013
Lo Que Nunca Viste
Tiempo de lectura:
03:04 min.

La ciudad palacio de los omeyas

Medina Azahara.

Textos recuperados de las antiguas crónicas árabes confirmaron que a finales del siglo XIX, el enclave situado a poniente de Córdoba correspondía con Madinat al-Zahra (Medina Azahara), la ciudad que el califa omeya Abderramán III había ordenado construir en torno al año 936. En 1911 se dió comienzo a unos trabajos arqueológicos que, con distintas alternancias, han continuado durante el último siglo.
Mil años después de su destrucción, Madinat al-Zahra es un conjunto arqueológico estudiado atentamente por generaciones de investigadores que han sacado a la luz los restos de una ciudad de 112 hectáreas, de las que sólo un tercio han sido excavadas.

La fisonomía de la ciudad.

Para conocer Madinat al-Zahra, nos dicen más cosas y más certeras los mismos restos materiales.
Madinat al-Zahra se encuentra en el lugar exacto en el que la montaña penetra en el valle del Guadalquivir, lo que permitió a sus planificadores diseñar un sistema de terrazas en el que las zonas más altas correspondían a la residencia del califa y a las salas de audiencias, mientras que las más bajas se destinaban a la ciudad propiamente dicha.
Estaba unido a Córdoba por tres vías que salvaban pequeños arroyos mediante grandes puentes que todavía subsisten como el de los Nogales, mientras que un complejo sistema de canalizaciones aprovechaba parte de la antigua infraestructura romana para derivar conducciones nuevas, como el acueducto de Valdepuentes.
Las construcciones están realizadas con una piedra arenisca similar a la empleada en la mezquita de Córdoba, su procedencia es local, concretamente de las canteras de Santa Ana de Albeida, situadas al norte de Córdoba, y en ellas todavía son visibles las huellas dejadas por la extracción de los sillares, el mármol blanco, procedente de Estremoz (Portugal), aparece en columnas y capiteles que revelan la extraordinaria maestría de los artesanos califales, capaces de labrar exquisitos detalles de decoración vegetal, y de incluir inscripciones en árabe con bendiciones al califa o menciones a los encargados de la construcción.
El mármol también aparece en pavimentos de las estancias más destacadas e incluso en alguna letrina, con losas de grosor y tamaño impresionantes, en otras zonas se empleó un tipo de caliza violácea, que ofrecía un contraste con los muros estucados en blanco y con decoraciones en color rojo almagra.

La organización del alcázar.

En la parte más alta de la ciudad se situaba la residencia del califa, la llamada dar al-mulk o «morada del poder», aquí se alzaba una gran vivienda, posiblemente con un espacio para el harén, en el que una terraza dominaba toda la ciudad que se extendía hacia el valle del Guadalquivir.
Los restos arqueológicos confirman que, aparte de la casa del califa, sólo existían allí otras dos viviendas de prestigio: la de su primogénito y sucesor, el futuro al-Hakam II, y la del personaje más poderoso de la administración, Yafar al-Siqlabi, un eunuco que manejaba todos los resortes de la maquinaria burocrática del Estado.
El resto del sector occidental del alcázar estaba destinado a gentes y espacios dedicados al servicio o a la guardia de estos personajes.
Cuando llegaba una embajada extranjera, accedía a la ciudad a través de una puerta triunfal formada por ocho grandes arcos y situada a levante, se acompañaban a los recién llegados a través de callejuelas interiores que les conducían a las salas de representación y de reuniones solemnes que se encontraban en la parte oriental del alcázar.
El lugar principal del alcázar de Madinat al-Zahra lo ocupaba el salón Rico, un gran espacio que se abría a un estanque y a un enorme jardín en cuyo centro se elevaba un pabellón de recreo.

Publicar comentario

Calificación
Imagen / foto
5  +  1  =  
Compartir

Boletín

Cargando...